Urgente desconexión digital en el proceso de aprendizaje

 


Una de las rutinas más necesaria y saludable para el presente

 

La competencia digital es imprescindible para el presente y futuro de nuestra sociedad. Del mismo modo, no hay que ser adivino, para darnos cuenta de la importancia que va a tener la enseñanza y el aprendizaje en torno a la DESCONEXIÓN DIGITAL.

 

Ya conocemos jurisprudencia y normativa que regula la desconexión digital laboral, pero poco se habla, de momento, de la urgente desconexión digital en momentos de ocio y tiempo libre.

 

Cada vez son más jóvenes las personas que están enganchadas a los móviles, tabletas o cualquier dispositivo que proporcione internet e interacción con redes sociales, juegos u otras aplicaciones de ocio. Y es por ello, por lo que no puede pasar inadvertido para la escuela, institución clave para educar y formar a las personas no sólo en conocimientos, también en valores y hábitos saludables.


Podría parecer paradójico que exista, por un lado, una competencia digital que cada vez tiene más peso en las áreas, y por otro, la necesidad urgente de enseñar a nuestro alumnado a desconectar digitalmente. Pero no lo es, ni siquiera contradictorio.

 

En muchos trabajos, también en la escuela, y más conforme avanzan los cursos, se hace imprescindible aprender con ordenadores, smartphone, proyectores, internet… Pero eso no es excusa para generar una adicción desmedida e insalubre por su uso. Rara vez pasa esto con los libros de texto, diccionarios, cuadernos o fichas, por mucho que se utilizasen en el pasado, o en el presente…

 Ha llegado el momento de destacar en mayúsculas este hábito saludable “DESCONEXIÓN DIGITAL”, al igual que se trabajan otros muchos como el descanso, la actividad física, la alimentación equilibrada, la socialización…

 Es un buen momento para introducirlo en los currículos básicos educativos de todas las etapas, así como en sus concreciones autonómicas, siendo un elemento transversal a todas las áreas.

 Cuando un niño desconecta de las pantallas, busca otro qué hacer. Sobre todo, en edades infantiles y adolescentes, este momento de ocio debería estar asociado al juego y al movimiento, por ello, ese tiempo de desconexión digital debe sustituirse mayoritariamente por tiempo de actividad física, aire libre, juego, socialización… Y también para otras actividades como la música, la lectura, la cocina, los juegos de mesa, etc.

Obviamente, como sucede con el resto de hábitos o valores, el trabajo coordinado con la familia es imprescindible para conseguir el aprendizaje a largo plazo. Y principalmente, predicar con el ejemplo docente y familiar, serán siempre el mejor método de enseñanza.

 

Poco enseñaremos si pedimos a nuestros hijos que desconecten de los videojuegos y nosotros no lo hacemos de nuestras decenas de grupos de WhatsApp o de las redes sociales laborales.

Poco o nada conseguiremos, si pedimos a nuestro alumnado todas las tareas escolares en formato digital o con uso imprescindible de internet y del ordenador.

 

Como cualquier aprendizaje será necesario acompañar al principio desde casa: acompañar en esa práctica deportiva o de juego en el parque, acompañar en escuchar música, en comidas con diálogo y sin televisión, en lecturas antes de dormir…


Del mismo modo hay que acompañar en la escuela y desde todas las áreas: realizando prácticas que no necesiten siempre de pantallas, que no sean siempre sentados, que impliquen movimiento, que sean en el medio natural, juegos que puedan volver a practicar fuera del centro educativo…

 

Dicho esto, no creo que prohibir a los niños o adolescentes de las pantallas en su tiempo libre sea la solución. No creo que el desconocimiento o la privación de una actividad de actualidad haga más felices y libres a las personas. Creo que la felicidad va ligada a la libertad para decidir, y se produce cuando eres conocedor de las posibilidades que tienes, y optas por las saludables. Es decir, que sabes utilizar una tv, smartphone o una videoconsola para divertirte, incluso que lo usas diariamente, pero no supone una necesidad, ni mucho menos una adicción, porque eliges ocupar tu tiempo libre mayoritariamente con otro tipo de actividades saludables, que son fruto del ejemplo, de los valores y de la enseñanza que has recibido en casa y en la escuela.


En definitiva, como adultos, tenemos que comenzar a llenar nuestra agenda semanal de actividades saludables para que nuestros jóvenes sean testigos del hábito de la DESCONEXIÓN DIGITAL. Y como docentes, tenemos que lanzar este mensaje con propuestas curriculares y educativas que ganen la batalla a la adicción a las pantallas. De lo contrario la competencia digital provocará más perjuicios que beneficios a nuestra sociedad.

Fuente: Alfonso Zafra Valencia. Maestro Educación Física CEIP Octavus. Utebo (Zaragoza)

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Resilencia educativa



La resiliencia educativa es la capacidad que tienen los alumnos para obtener un buen rendimiento a pesar de sus circunstancias sociales, económicas o familiares adversas. La cuestión clave es averiguar qué contexto personal, familiar y de los centros educativos favorecen la capacidad de resiliencia de los estudiantes.


Conocer esas características protectoras es fundamental para tratar de ayudar a los menos resilientes o más desfavorecidos socialmente. Los datos analizados en la investigación provienen del estudio Progress in International Reading Literacy Study (PIRLS), de la International Association for the Evaluation of Educational Achievement (IEA). La prueba PIRLS evalúa la comprensión lectora del alumnado de cuarto grado, que en España corresponde a los estudiantes de cuarto de Educación Primaria.

Fue utilizada una muestra representativa del alumnado de 23 países de la Unión Europea, España incluida. Se trata de una muestra amplísima de 117 000 estudiantes europeos pertenecientes a 4 300 centros educativos, y en lo relativo a España se evaluaron 14 500 alumnos de más de 600 centros.

Indicadores sociales, económicos y culturales

Para determinar la situación socioeconómica de los estudiantes se utilizó el denominado Índice Social, Económico y Cultural (ISEC), que se elabora a partir de cuatro indicadores:
Posesiones en el hogar.
Libros en casa.
Máximo nivel educativo de los progenitores.
Máximo nivel de ocupación de los progenitores.

A partir de los datos obtenidos se considera que un alumno es resiliente cuando su ISEC está por debajo del primer cuartil de su país, es decir, se encuentra entre el 25 % con valor más bajo en este índice, y, sin embargo, obtiene unos buenos resultados académicos, situados por encima del tercer cuartil, entre el 25 % de los mejores estudiantes.

La conclusión del estudio es que un 23 % de alumnos resilientes en los países europeos estudiados, bajando ligeramente en el caso de España al 21 %.

¿Qué potencia la resiliencia?


Se analizaron diez variables del contexto individual y familiar del alumnado y catorce referidas al contexto del docente y sus estrategias pedagógicas. Si bien los resultados detallados pueden consultarse en el citado trabajo, cabe destacar aquí algunos de los más relevantes.

En todos los países estudiados de la Unión Europea los alumnos que presentan mayor confianza lectora tienen más probabilidad de ser resilientes que sus compañeros con menor confianza, llegando a incrementar las posibilidades de resiliencia hasta en un 82 % en el caso de España.

También se incrementa la probabilidad de resiliencia en la mayoría de los países el tener un alto sentido de pertenencia al centro, haber adquirido tareas de alfabetización temprana en el entorno familiar (conocer el alfabeto, leer palabras o frases sencillas), haber realizado actividades de lectura antes de comenzar la escuela (sus progenitores les leían libros o cuentos o les cantaban canciones) o haber asistido a centros educativos antes de iniciar la enseñanza primaria.

Los factores relativos al contexto y a la labor del profesorado predicen en menor proporción la condición de resiliencia del alumnado que sus antecedentes familiares e individuales. No obstante, algunas variables referentes a los docentes y su praxis tienen especial interés en cuanto a su impacto sobre la probabilidad de resiliencia del alumnado.

El clima de seguridad y convivencia en los centros y el uso de estrategias de lectura comprensiva y reflexiva aumentan la probabilidad de resiliencia, llegando a cerca de un 20 % en el caso de España.



Por el contrario, estrategias docentes de carácter rutinario, repetitivo y monótono tienden a rebajar las probabilidades de resiliencia del alumnado.

Un 21 % de estudiantes resilientes en España

En Europa en torno a un 23 % de los estudiantes de cuarto grado muestran un elevado grado de resiliencia educativa, es decir, sacan adelante sus estudios con éxito a pesar de las circunstancias socioeconómicas y culturales adversas. En el caso de España, este porcentaje baja ligeramente a un 21 %.

Características como la confianza en la lectura, la implicación de las familias en la educación de sus hijos, la asistencia a centros antes de iniciar la escuela primaria, el buen clima escolar, o los docentes que huyen de estrategias rutinarias potencian la capacidad de resiliencia de los estudiantes, tanto en España como en el resto de países europeos estudiados.

En suma, el mensaje positivo es claro: la resiliencia académica de los estudiantes puede mejorarse de forma significativa potenciando la implicación educativa de los progenitores y las escuelas activas y estimulantes.


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