martes, junio 18, 2013

¿Por qué España fracasa en el INFORME PISA?

El Informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA por sus siglas en inglés, Programme for International Student Assessment) es desde hace unos años la medida más aceptada internacionalmente para medir el rendimiento educativo en los países ricos. Hay un cierto consenso entre los expertos de que sus tres pruebas son una buena manera de evaluar la calidad de un sistema educativo. Desde que se inició, España ha estado siempre por debajo de la media de la OCDE en prácticamente todas las métricas (ver Informe PISA en español; para información más detallada, ver capítulo IV, en inglés, ¿Qué hace exitosa a una escuela?).

Año tras año, la prensa publica los resultados del informe y se inician numerosos debates sobre el gasto en la enseñanza, la calidad de la educación pública, los nuevos métodos educativos, la necesidad de volver al estudio de las humanidades o la falta de disciplina en las aulas españolas. Sin embargo, en pocas de estas discusiones se analizan con profundidad las claves de los sistemas educativos más eficientes. Y tampoco se suelen abordar cuestiones que están fuera del debate políticamente correcto habitual.

En este sentido, las herramientas del análisis económico pueden servir para sacar conclusiones interesantes en este tema. Y casi todas ellas nos dirigen a la misma dirección: hay que dar más autonomía a colegios, padres y profesores. Es decir: otorgar más "libertad de elegir" a todos los miembros de la comunidad educativa. Algunos a esto le llaman "cheque escolar". Otros, simplemente, lógica.


1. Más autonomía en las escuelas
Una de las frases más repetidas a lo largo de todo el informe es que "la autonomía de las escuelas para definir y elaborar sus currículos y pruebas se relaciona positivamente con el rendimiento de los sistemas educativos". Esto quiere decir que es bueno dar la posibilidad a los maestros y a los equipos directivos de las escuelas para que organicen su trabajo, decidan qué asignaturas impartir y cómo hacerlo.
Parece lógico que los que están más cerca de los alumnos sepan mejor cuáles son sus necesidades, su capacidad e, incluso, sus preferencias. Todos los sistemas educativos exitosos (desde Corea a Finlandia, Canadá u Holanda, pasando incluso por el de Shanghai, en la comunista china) otorgan a los colegios un alto grado de discrecionalidad a la hora de organizar su trabajo. La casuística es enorme: en algunos países los colegios pueden especializarse en determinadas materias, en otros elegir sus horarios, los profesores deciden cómo dar sus clases o, incluso, se pueden hacer exámenes de ingreso en función de las asignaturas en las que se quiere especializar un centro. Pero todos coinciden en centrar en el profesor (o en el consejo escolar) las decisiones educativas y no en un burócrata sentado en su despacho ministerial.

Mientras, en España, casi todas las cuestiones educativas son rígidamente impuestas por las autoridades educativas. Primero el Ministerio de Educación (con una ley de bases) y luego las 17 consejerías autonómicas de la materia establecen qué se estudia, cómo y durante cuánto tiempo en todos los colegios de España (públicos, concertados e, incluso, privados). La posibilidad de ajustar las clases o las materias estudiadas por parte de los colegios o los profesores es mínima
Normalmente, en el debate político español se discute siempre sobre modelos educativos contrapuestos. Así, el PSOE reivindica leyes con métodos pedagógicos más innovadores (tipo Logse o la actual LOE), con más énfasis en el apoyo al alumno, en la igualdad o en la ayuda a los que se quedan retrasados. Mientras, el PP reivindica un modelo con más disciplina, y más exigencia (como por ejemplo, la LOMCE o LOCE que nunca llegó a entrar en vigor). Ambas posiciones pueden defenderse, pero ninguno de los grandes partidos parece darse cuenta de que los informes internacionales no hablan de una u otra opción, sino de dejar que sean los que más saben (los profesores) los que se adapten a su realidad.
2. La elección de los padres
La segunda pata de la ecuación siempre es más polémica, puesto que hace referencia a la capacidad de elección de los padres: es decir, que puedan elegir a qué colegio enviar a sus hijos. En esta cuestión, lo autores de PISA no llegan a una conclusión determinante y afirman que "no es estadísticamente significativa, cuando se tienen en cuenta el estatus socio económico de los alumnos y las escuelas". Esto podría traducirse como que aunque es cierto que los centros privados (que compiten por los alumnos) sacan mejores notas, también lo es que a ellos acuden los alumnos de familias más adineradas y cultas. Eliminando este sesgo estadístico, la diferencia a favor de los colegios privados no sería tan importante, según los autores del informe.
Sin embargo, un repaso detallado a los resultados no deja tan clara esta cuestión. En primer lugar, en prácticamente todos los países analizados (ver gráfico 3) las escuelas privadas sacan notas mucho más altas que las públicas. En segundo lugar, y en sintonía con lo anterior, los sistemas con mayor porcentaje de centros privados son, en su gran mayoría, muy exitosos (Holanda, Corea, Japón o, incluso, Chile, el país sudamericano con mejores notas).

Mientras, otros países, como Finlandia o Canadá, tienen un porcentaje altísimo de escuelas públicas. Sin embargo, sus sistemas otorgan una amplia autonomía a los centros y a los padres (garantizando al mismo tiempo la universalidad de la educación). En este sentido, sus escuelas son públicas en cuanto a su propiedad, pero actúan como privadas en las decisiones empresariales: qué producto ofrecer, cómo atraer clientes, cómo obtener recursos en función del número de clientes y cómo asignar esos recursos.
3. Dónde poner el dinero
Normalmente uno de los debates más típicos en relación con la calidad de la enseñanza es el de los recursos destinados a la misma. Sin embargo, el Informe Pisa deja claro que "existe una débil relación entre recursos educacionales y rendimiento de los estudiantes". Mientras, la decisión de dónde colocar esos medios explica "más variación" en el rendimiento de los diferentes sistemas educativos.
Es decir, que en cuestiones de dinero importa más la calidad que la cantidad. De hecho, el factor más importante está relacionado con el salario de los profesores: los países donde más cobran y donde son más valorados por la sociedad, normalmente son también los que mejores notas sacan.
De nuevo, los sistemas con más autonomía son los que suelen hacer más énfasis en estos aspectos y menos en el gasto general. En este sentido, el caso de España puede ser significativo. Los salarios de los maestros no son excesivamente altos (especialmente si se tiene en cuenta que son titulados unviersitarios); además, sus incentivos, consideración social o posibilidades de promoción son más bien escasos. También en esta cuestión, las decisiones las toman, de arriba a abajo, las burocracias administrativas.
Cuando decide el consejero de Educación, le puede resultar más rentable desde un punto de vista electoral abrir otra escuela, construir una biblioteca con los medios más modernos o levantar un nuevo gimnasio completamente equipado. Sin embargo, puede que cualquiera de estas medidas sea mucho más cara y menos productiva que permitir a las escuelas fijar el salario de sus maestros en función de su productividad o seleccionarlos en función de su valía. El problema es que estas medidas son mucho más difíciles de vender al público: vale más una foto inaugurando un edificio que dejar a los colegios elevar el salario de los maestros en función de su trabajo. Esto último, les incentivará a mejorar su desempeño y atraerá a la profesión a mejores profesionales, pero generará resultados a medio plazo (y no será una medalla tan fácil de colgar para el político de turno).
4. Disciplina
Otras de las cuestiones más recurrentes cuando se habla de la calidad de la educación tiene que ver con la disciplina en las aulas. También en este ámbito, PISA es concluyente: "Las diferencias de los alumnos que se sitúan en los cuartiles extremos, es decir, los correspondientes a las situaciones de menor y mayor disciplina en las aulas, es considerable, tanto en la OCDE como en España". En nuestro país, los colegios en el cuartil inferior (el 25% de los centros con menos carga disciplinaria) sacan 465 puntos en lectura, mientras que los que se sitúan en el cuartil superior (los más estrictos) obtienen 494 puntos.
Sin embargo, un análisis algo más profundo descubre que la cuestión no estriba sólo en más o menos exigencia disciplinaria, o en estar todo el día con la vara en la mano, sino también en la autonomía de los centros. En España, los colegios públicos tienen muy poca capacidad para decidir sobre la admisión, expulsión o suspensión de un alumno. Cuando la consejería decide que un estudiante está asignado a un centro, éste no tiene mucho que decir sobre la materia y sólo cuando comete faltas realmente muy graves podrá iniciar un proceso de expulsión. Esto crea desesperanza y desgana en los maestros (que sienten que no tienen en su mano todas las herramientas necesarias) y sensación de impunidad en los alumnos (que piensan que es obligación de la escuela soportarlos). En un sistema con más autonomía para padres y profesores, unos podrían establecer unas normas claras que todos conocieran, y los otros sabrían que no están en ese centro por su cercanía a su casa, sino porque lo han elegido, lo que fomentaría una mejora de su comportamiento.
5. Exámenes externos
Otra de las cuestiones clave que PISA relaciona con los resultados académicos es la de los exámenes externos a las escuelas. En este sentido, su dictamen es determinante: los sistemas educativos en los que se realizan "pruebas estandarizadas y externas" tienen mejor rendimiento que aquellos en los que se mide a los estudiantes simplemente "en relación con sus compañeros de clase o colegio".


Fuente: D. Soriano. Libertad Digital

jueves, junio 06, 2013

El complejo fenómeno de la disciplina

El complejo fenómeno de la Disciplina .Uno de los tópicos coyunturales al sistema educativo y, en su conjunto, a la educación, sea ésta reglada o no–formal, es la recurrencia a la disciplina, la consiguiente preeminencia de la autoridad y el soporte consustancial en el respeto a la norma vigente, como claves en la reconstrucción de unas relaciones educativas hipotéticamente desmanteladas. Las crisis, recuérdese, son consustanciales tanto al Estado del Bienestar como a nuestra propia existencia, y así, cíclicamente o no, cuestionamos el statu quo institucional, social e incluso personal. Sin embargo, el propio relativismo postmodernista cuestiona el cuestionamiento en tanto que pone en entredicho la existencia de normas que encorsetan las relaciones institucionales en regímenes disciplinarios, más o menos tamizados por la naturaleza de la institución. El nihilismo reniega de toda norma; los tradicionalistas recuperan la forja del espíritu por la disciplina. Los actores educativos, ante legitimaciones opuestas, se encuentran –de hecho– en la encrucijada de la duda entre recuperación y rechazo: recuperación equilibrada de unos mínimos por determinar, frente al rechazo de las imposiciones de antaño. En contextos como el nuestro, en el que la historia reciente de España nos ha proporcionado pedagogicismos de uno u otro signo, resulta fácilmente recuperable, incluso socialmente agradecido, el debate sobre la disciplina, entrometiéndose así la opinión de tertulianos y ciudadanía sobre la bondad de unas u otras prácticas. Estos discursos profanos pueden abocar, sin embargo, en el ninguneo de los profesionales. La teoría, la investigación, el estudio y la praxis socio–educativa nos ofrecen otros fundados referentes a considerar. Disciplina, autoridad y norma son componentes, todos ellos, susceptibles de análisis desde una perspectiva sistémica: el funcionalismo parsoniano, por ejemplo, combina norma y autoridad bajo el necesario “orden normativo” que regula las relaciones entre las partes de un grupo, organización, o institución; reservándose la disciplina a códigos de conducta propios a cada tipo de institución. La manifiestación actual es el reglamentismo, cuando la autoridad legal, por mayoritaria en clave democrática, encauza la autonomía personal hacia lo políticamente correcto. Ejemplos no faltan (tráfico, humos, alcohol, regímenes internos, etc.), pero todos ellos se conforman extramuros del campo profesional socio–educativo, porque de hecho, la sustantividad del profesional es actuar en procesos no–reglados. Por el contrario, los modelos de interacción simbólica, culturales, comunicativos y, en suma, intersubjetivos y constructivistas de las realidades sociales, presentan una aproximación a la interpretación de la norma, a las relaciones de autoridad y al sentido y significado de disciplina, eminentemente negociadas. Ejemplos tampoco faltan porque constituyen, de hecho, la buena práctica del profesional socio–educativo. Ahora la palabra es vuestra ante la doble cuestión que se suscita: ¿qué referentes cabe considerar en una aproximación multirreferencial al complejo fenómeno de disciplina, norma, autoridad, y transgresión?; ¿qué consideración debería darles en su práctica el profesional socio–educativo que interviene en un sistema pero actúa entre personas?

Selección de Aplicaciones Android para Educación


Estamos asistiendo en nuestros días a una auténtica revolución en todo lo relativo al acceso a la información. La aparición de los nuevos dispositivos móviles (smartphones y tablets), evidentemente, está en la base de ese cambio.
El hecho de estar conectado en cualquier sitio y a cualquier hora, ha dado lugar al desarrollo de miles de aplicaciones para ofrecer cada día más potencialidades y, hacer que términos como sincronización total, portabilidad, nube, geolocalización sean cada día más familiares.
Empresas como Google (Android) y Apple (iOS) apostaron rápidamente por el cambio y desarrollaron sistemas operativos para dichos dispositivos cada día más optimizados y, lo más importante, plataformas (Google Play y App Storerespectivamente) para la búsqueda y descarga de todas esas aplicaciones que han ido apareciendo. El hecho de tenerlo todo organizado en un solo sitio, la facilidad de instalación, las continuas actualizaciones, los comentarios de otros usuarios… son los pilares sobre los que se apoya el éxito de las mismas a nivel mundial.
A continuación, te presentaremos el resultado de la búsqueda o rastreo de aplicaciones educativas dentro de la plataforma Google Play (anteriormente conocida como Android Market). Hay que señalar, desde el principio, que el objetivo del presente artículo no es hacer guías de uso de las diferentes aplicaciones comentadas, (lo cual podría hacer inacabable el artículo) sino solo ofrecer una selección de las que consideramos mejores para el ámbito educativo agrupadas en diferentes categorías por afinidad.
Haz click en el enlace para ir al listado.

domingo, junio 02, 2013

9 claves para superar la Selectividad


La Selectividad ya está a la vuelta de la esquina. La prueba de acceso a la Universidad, que pronto será sustituida por una reválida en el marco de la reforma educativa,comenzará en Asturias los días 4, 5 y 6 de junio mientras que Andalucía es la comunidad donde más tarde tendrán lugar los exámenes, entre el 18 y el 21 de junio.
El resultado de estas pruebas es clave para la nota final de los alumnos, que decidirá a qué carreras pueden o no acceder, dado que la nota de Selectividad vale un 40% y la medida de bachillerato un 60%. Susana García, jefa de estudios del Centro Universitario San Bernardo, especializado en la preparación de la Selectividad, da nueve claves para que los alumnos superen con más facilidad las pruebas.
1-. APROVECHA LO QUE HAS HECHO ANTES
Hay una cosa clara: lo más recomendable de cara a la Selectividad es estudiar a lo largo de todo el curso. Pero la propia García reconoce que "no es habitual" que los alumnos sean tan constantes, por lo que la víspera de los exámenes tienen que pisar el acelerador a fondo. Pese a todo, la experta subraya que quien esté preparando las pruebas debe aprovechar su trabajo de todo el curso: "Esquemas, resúmenes, apuntes, gráficos..."
2-. SELECCIONA MATERIA
García asegura que a la hora de preparar la Selectividad hay que ser claros: si no se ha estudiado a lo largo del curso, es imposible memorizar el 100% de la materia para las pruebas. "No queda más remedio que hacer una selección y, para eso, es imprescindible estudiar los temas más importantes". ¿Cómo saber qué es lo fundamental? Consultando qué materia ha entrado en exámenes anteriores, en qué aspectos han puesto el énfasis los profesores...
3-. ESCRIBE LO QUE SABES DE LA MEJOR FORMA POSIBLE
La jefa de estudios del Centro Universitario San Bernardo explica que, de promedio, un estudiante llega a los exámenes sabiéndose aproximadamente el 60% "o menos" de la materia: "Con ese panorama hay que exponer lo que uno sabe de la mejor manera posible. Para responder, hay que adaptar lo que se sabe a la pregunta que hacen y empezar con la información más importante sin dar rodeos. Ordenar la información es fundamental porque, a veces, sabiendo poco puedes defender tu respuesta y, otras veces, sabiendo mucho no consigues argumentarlo correctamente".
4-. NO CAMBIES TUS RUTINAS
La importancia de la Selectividad provoca que algunos estudiantes varíen sus rutinas de estudios. Error. "Para el examen no conviene hacer ningún cambio significativo. Si uno está acostumbrado a estudiar mientras bebe café o un refresco, perfecto" señala García. Subraya que, para alumnos que no acostumbran beberla, una tila para calmar los nervios puede ser fatal. Lo mismo ocurre si alguien nunca toma bebidas estimulantes y antes de los exámenes las bebe. "No se sabe cómo puede reaccionar el cuerpo", destaca García.
5-. EL DÍA ANTES DEL EXAMEN HAZ LO QUE QUIERAS, PERO LA NOCHE ANTES DESCANSA
Los expertos no se ponen de acuerdo sobre si el día antes de la Selectividad hay que descansar o dar un último repaso. "Depende de cada caso. Hay muchos alumnos que nos dicen: 'Menos mal que repasé la tarde antes, porque justo eso fue lo que entró en el examen", explica la experta. Lo que tiene que quedar descartado es pretender estudiar todo 24 horas antes, porque no sirve de nada.
Los expertos sí coinciden en que la noche antes del inicio de la Selectividad hay que dormir (o al menos intentarlo, descansar en la cama) porque ese momento de relajación es fundamental.
6-. AÍSLATE EN EL EXAMEN
Una vez que llegues a la sala del examen, intenta centrarte en los folios y evita distraerte con lo que hacen los demás. "Conseguirlo es complicado porque el mismo ambiente distrae, sobre todo al inicio de la prueba", explica García, quien destaca que las referencias del exterior "no siempre son válidas". "Puedes ver a tu lado a gente que está escribiendo mucho mientras tú todavía estás pensando en qué vas a decir. Eso pone muy nervioso y al final no conduce a nada", argumenta la experta.
7-. NO TE CASTIGUES POR LOS FALLOS
Al igual que no conviene mirar a los compañeros durante la prueba, tampoco es recomendable comentar las preguntas y los fallos después. "Hay que ver cada prueba como si fuese única, independiente. Si durante el segundo examen estás pensando en los fallos del primero, no vas bien. Solemos magnificar los errores y tendemos a preocuparnos más de lo oportuno. Y esos pensamientos negativos restan capacidad. Hay que dejar que los correctores hagan su trabajo y nosotros seguir a lo nuestro", explica García.
8-. NO DEJES HUECOS EN BLANCO
En los exámenes no conviene dejar grandes espacios en blanco, porque es una manifestación de que "no se tiene ni idea" de una cuestión. Si en el examen te encuentras con que no sabes algo, intenta responderlo o abandónalo por completo. "Es mejor no poner el número de la pregunta y luego un espacio en blanco, porque eso es una declaración de ignorancia. Es decirle al corrector: 'Mira, aquí te dejo este hueco en blanco porque no tengo ni idea'. Haz como si esa pregunta no existiese" recomienda García.
9-. CONTROLA EL TIEMPO
Cada examen de las pruebas tiene un tiempo límite que suele rondar la hora y media. Por eso, es recomendable tener el tiempo controlado en todo momento, porque tan malo como dejar un hueco en blanco es no poder acabar la prueba. García asegura que este aspecto no es muy preocupante para la mayoría de los estudiantes: "Durante el curso, hacen muchos exámenes de prueba que son muy similares a los que se van a encontrar y ya tienen el hábito interiorizado".