lunes, noviembre 18, 2013

Una reforma educativa imprescindible para generar empleo

España, con una tasa de más del 40 por ciento, es el país de la UE con un mayor desempleo juvenil. Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, afirmó hace unos días que las cifras de paro juvenil en algunos países de la Unión Europea eran un “escándalo” y animó a estos países, entre los que se encuentra España, a hacer reformas estructurales para desarrollar el crecimiento y el empleo.
España tiene una tasa superior al 40 por ciento de desempleo juvenil ante cuya realidad Barroso afirmó que “la única opción para Europa es acelerar las reformas estructurales e impulsar sectores con potencial como la energía, el transporte y las telecomunicaciones para generar crecimiento y empleo”. Coincido con el presidente de la Comisión Europea en el diagnóstico, pero echo en falta alguna cosa en el tratamiento. El empleo es consecuencia de un desarrollo económico y este es fruto de factores estructurales entre los que se encuentran las telecomunicaciones, la energía o el transporte. Pero olvida Durao Barroso que el capital más importante que genera la economía, y por ende el empleo, es la cultura de un país y que esta se adquiere gracias a la educación. Por ello, debiera exigirnos también un cambio fundamental en la educación española. 
Si comparamos la estructura de población en Alemania y en España, veremos que la primera tiene forma de peonza, esto es ensanchada en la parte media que es la formación profesional, mientras que la segunda tiene forma de reloj de arena, esto es, ensanchada en la parte inferior, entre los que no poseen titulación básica, y también en la parte superior, entre los universitarios. En los últimos 50 años nuestro sistema educativo ha cambiado un país, España, lleno de analfabetos en otro país lleno de universitarios. Pero resulta que aquellos tenían que emigrar porque no tenían estudios, y que éstos tienen que hacerlo porque les sobran. Aquel “¡Vente a Alemania Pepe!” de los años sesenta tiene hoy la misma actualidad que entonces, cuando comprobamos cómo nuestros titulados tienen que emigrar a ese país. Y no digo que nuestros profesionales estén mal formados, no; lo que digo es que nuestros jóvenes se han formado para una realidad que no existe. 
Y  por ello demando una reforma en profundidad del sistema educativo que tenga el desarrollo económico y la empleabilidad como objetivos fundamentales desde la educación primaria. Hace ya más de un siglo que el movimiento pedagógico denominado “Escuela Nueva” proponía la educación para la vida y metodologías basadas en proyectos o en la educación por la experiencia y no por la memoria. Paolo Freire, un pedagogo brasileño que enarbolaba la “educación liberadora”, enseñaba a los indígenas analfabetos a leer y escribir para comer, es decir, aprender para encontrar un medio de vida. En cambio, el sistema educativo español, sigue centrado en las asignaturas más que en la vida, en el estudio más que en el aprendizaje, en el conocimiento más que en las competencias consiguiendo que nuestros titulados sepan muchas cosas, pero carezcan de un sentido económico, comercial, o de mercado que los hace muchas veces inservibles para el mundo del trabajo. 
Propuestas para un cambio radical en la enseñanza existen muchas, por tanto, la cuestión es poner la actividad económica como objeto fundamental del currículo escolar y en torno a ella el resto de las asignaturas. Ahora bien, esto no quiere decir que perdamos de vista los valores de justicia, equidad o solidaridad. Lo uno no está reñido con lo otro, por más que haya voces que quieran enfrentar dinero y solidaridad, empresa y cuestión social. Si no hay actividad económica seguirá habiendo más paro aunque nos llegue mucho dinero de Europa. Pero, si hay actividad económica habrá empleo, y si hay beneficio económico éste podrá utilizarse según nuestros valores para financiar guerras o para ayudar a países en vías de desarrollo para que sepan transformar sus recursos económicos y no dependan de nuestras ayudas. 
Ahí tenemos el ejemplo de países latinos emergentes como Perú o Colombia que se están haciendo un hueco entre los países en desarrollo con un crecimiento del Producto Interior Bruto que hace que muchos de nuestros arquitectos, por ejemplo, encuentren en estos países la actividad económica que nosotros no hemos sabido ofrecerles. Un cambio estructural, por tanto, es necesario para desarrollar el empleo juvenil y esto pasa por centrar la educación y la formación en el desarrollo económico. De otro modo, pasados unos cuantos años el presidente de la Comisión Europea volverá a decirnos que esto es un “escándalo”. No lo permitamos pues está en nuestras manos una nueva educación que nos haga más ricos y también cultos y más solidarios
Carlos Hué. Psicólogo y Doctor en Ciencias de la Educación