domingo, noviembre 27, 2011

La evaluación de las unidades didácticas



La evaluación se entiende como parte integrante del proceso de enseñanza y aprendizaje y tiene como función obtener información para tomar decisiones, reflexionar, planificar y reajustar la práctica educativa para mejorar el aprendizaje de todos los escolares. En este sentido, la evaluación no se centra en la medición de rendimientos, ni puede entenderse como responsabilidad exclusiva de cada maestro o de cada maestra. De ahí que sea tan importante adoptar, como se ha señalado anteriormente, en el Proyecto curricular acuerdos comunes para toda la etapa y concretarlos en el ciclo.
Estos acuerdos son un referente imprescindible que el profesorado habrá de considerar para garantizar que las actividades de evaluación incluidas en las unidades didácticas guarden coherencia con dichas decisiones.
Las actividades de evaluación no deben diseñarse al margen del proceso, sino que se situarán en el mismo marco de referencia que las actividades de aprendizaje, de modo que sean coherentes con el proceso de enseñanza y permitan informar al alumnado sobre su propio progreso. En este sentido, las actividades propuestas para el aprendizaje deben ser tomadas como referencia para la evaluación, siempre que en estos momentos se pongan en práctica estrategias e instrumentos de cuyo uso el profesorado pueda extraer datos y conclusiones.
También se podrán establecer actividades específicas de evaluación cuando sea preciso obtener informaciones que, tal vez, quedan diluidas, o no suficientemente explícitas, en el resto de las actividades diseñadas.
Al incorporar las actividades de evaluación de manera natural y sistemática a lo largo de todo el desarrollo de la unidad didáctica, se está evitando también cierta disociación que puede darse entre el qué enseñar y evaluar, ya que por medio de la evaluación quedan enfatizados ciertos contenidos que muchas veces están en la declaración de intenciones, pero sobre cuya adquisición no se devuelve al alumnado ningún tipo de información, como ocurre, en ocasiones, con los contenidos de actitudes.
La información que se deriva de la evaluación servirá al docente para reajustar el proceso de enseñanza y al niño para ir tomando conciencia de su progreso.
A continuación se indican algunas orientaciones que pueden ser útiles a la hora de caracterizar la evaluación durante el proceso de elaboración de las unidades didácticas:
Es importante planificar actividades de evaluación que permitan al profesorado conocer cuáles son los conocimientos previos del alumnado en relación a los contenidos que se van a trabajar, lo cual servirá tanto para, a partir de este punto, comenzar a trabajar sobre la Unidad didáctica, como para cerciorarse de que es factible lograr los objetivos programados a partir de los mencionados conocimientos previos del alumnado o, en caso contrario, para reajustar la Programación.
Es fundamental, de igual modo, que se determinen los requisitos previos para que el alumnado pueda trabajar adecuadamente una determinada Unidad didáctica, requisitos que, en general, son de carácter muy funcional y conectan sobre todo con procedimientos y actitudes. En consecuencia, si el alumnado carece de ellos será preciso trabajarlos, diseñando actividades que se lo permitan.
Al diseñar los instrumentos de evaluación hay que tener presente que éstos han de hacer referencia a los contenidos nucleares, incorporando sólo para determinados alumnos o alumnas otras actividades de carácter complementario. En cualquier caso, siempre habrán de estar directamente vinculados con aquellos aspectos de la unidad didáctica que han sido trabajados en el aula.
Las actividades e instrumentos de evaluación han de ser lo más diversos posibles y llevarse a cabo a lo largo del desarrollo y finalización de toda unidad didáctica, mediante recursos como: observación directa, cuaderno de trabajo, pruebas escritas (abiertas, cerradas y múltiples), etc.
De cara a evaluar el diseño de las unidades, hay que considerar:
  • Si las unidades recogen las capacidades que se ha decidido desarrollar en el ciclo, es decir, si guardan coherencia con los objetivos.
  • Si en las unidades se establece una secuencia de aprendizaje adecuada (se acota el tema, se parte de las ideas previas de los alumnos, se comparten los objetivos de aprendizaje, se realiza un plan de trabajo, se prevé la actividad reflexiva por parte del alumnado ... ).
  • Si las actividades permiten distintos ritmos en su ejecución y por tanto grados diferentes de desarrollo de capacidades.
  • Si los recursos didácticos y las situaciones de aprendizaje programadas (materiales elaborados por el profesorado, libros de texto, trabajo por talleres, en rincones, salidas extraescolares, etc.) guardan coherencia con los acuerdos de orden metodológico por los que se ha optado.
  • Si existe una presencia equilibrada de los diferentes tipos de contenidos (conceptos, procedimientos y actitudes).
  • Si la unidad prevé instrumentos de evaluación que permitan al profesorado obtener información sobre el proceso de sus alumnos y alumnas y sobre el proceso de enseñanza, y al alumnado reflexionar sobre su propio aprendizaje.
La propuesta de unidades didácticas que finalmente componga la Programación promoverá, a través de un desarrollo planificado de las mismas, la construcción del conocimiento a partir de secuencias de aprendizaje que permitan ir adquiriendo hábitos, consolidando destrezas, elaborando nociones, ampliando contextos .... para lograr, en definitiva, el desarrollo equilibrado de todas las capacidades del alumnado.
Cada unidad didáctica conviene que sea programada por el conjunto de profesores y profesoras que atiende a un mismo nivel, a partir de los acuerdos que se han tomado previamente en el equipo de ciclo. No obstante dichas unidades han de ser suficientemente flexibles para que, en su puesta en práctica, puedan realizarse las modificaciones necesarias que un determinado grupo demande.
Por último, otra cuestión que hay que tener en cuenta a la hora de evaluar es la percepción del propio alumnado sobre los nuevos conocimientos adquiridos, sobre el esfuerzo empleado para ello. Programar y desarrollar actividades de autoevaluación no sólo le permitirá al profesorado realizar una evaluación más completa de los procesos de enseñanza y aprendizaje, sino que, además, contribuirá a que el alumnado vaya adquiriendo recursos que le permitan la autocrítica y valoración de su actividad escolar, afianzando así la autonomía y la capacidad de aprender a aprender. 

miércoles, noviembre 16, 2011

Emprendedor a los 16 años

Alberto Elías aún estudia en el Instituto, tiene 16 años y un aspecto, aunque en moreno, similar al que tenía a su edad el ‘padre’ de Microsoft, Bill Gates. En común con uno de los hombres más ricos del mundo: su amor por la informática y la empresa; su principal diferencia: uno desarrolló Windows y el murciano trabaja con el sistema Android.

Este chaval ya ha comenzado a preparar el arranque de lo que en breve será su nueva empresa. Su razón aún no está definida, pero la actividad está clara: desarrollar aplicaciones web y Android. Y en ellas está enfrascado junto a su socio Luis Iván Cuende, también de 16 años, trabando para terceros y preparando el ‘colchón’ económico con el que arrancar su empresa ‘en serio’ tras su paso por el Registro Mercantil y las decenas de ‘papeles’ que aún deben formalizar.

De momento, según informa este mes la revista Emprendedores, Alberto y Luis Iván han diseñado una librería para desarrolladores de aplicaciones móviles que reutiliza el contenido que ya existe en Internet. Esta herramienta ahorra tiempo a los diseñadores, que ya no tienen que volver a aplicar el código que ya escribieron en la página web cuando quieren hacer la versión móvil.

El modelo de negocio será crear un paquete gratuito de aplicaciones con un ancho de banda limitado, y sólo cuando se quiere más ancho de banda, o una aplicación con más descargas seré preciso contratar un paquete de pago.

Para los usuarios convencionales también preparan escritorios en función de perfiles de sincronización y tipos de dispositivos: ordenadores, teléfonos móviles y tablet.

Alberto Elías es consciente de que precisan dinero para financiar la empresa; razón por la cual 
aún no han dado el salto ‘profesional’; pero tanto él como su socio están en ello. 
Vía: murciaeconomia.com

jueves, noviembre 10, 2011

La docencia es un factor de riesgo


Marcelo Scantamburlo tiene 60 años, y acaba de jubilarse después de haber trabajado 37 como docente.
Pasó el último tramo de su etapa laboral realizando tareas pasivas en una escuela de la ciudad de Oncativo, luego de dos años con licencias médicas (psiquiátricas y otras).
El diagnóstico para alejarlo de las aulas, en estado de pasividad, con tareas de otra responsabilidad fue: “Estado de ansiedad y momentos fóbicos. Inestabilidad emocional 
generalizada. Hipertensión arterial y disritmia cardíaca. 
Somatización de índole reactiva”.
En otras palabras, Marcelo (14 años como director, y el resto como docente) sufría de burn out (lo que vulgarmente se conoce como “síndrome de la cabeza quemada”, con el cansancio emocional y físico como características centrales).
El profesor asegura que su cuerpo y su mente “no daban más”, al punto de no poder cumplir con sus obligaciones.
Autoridad. Scantamburlo no se retiró por invalidez, sino que tramitó una jubilación ordinaria. Sin embargo, tiene autoridad para 
opinar con el conocimiento de haber sufrido episodios de 
ansiedad y cansancio extremo.
“Las enfermedades laborales ‘psicológicas’, producidas por el estrés y sus consecuencias, tienen que ver de manera indirecta con las jubilaciones por invalidez. Estas enfermedades no son tenidas en cuenta por no ser reconocidas como factores limitantes de la situación laboral”, explica el docente, hoy ya retirado.
Y agrega: “Estoy absolutamente convencido de que la docencia es un factor de riesgo. Los nuevos paradigmas y demandas de la sociedad, así como las presiones sutiles de la política imperante, sobreexigen el quehacer diario del maestro o profesor”.
Además de la cuestión personal, inciden en este tema factores que están en permanente debate, y que ponen a los docentes en el centro de la escena de los problemas sociales.
El síndrome del “quemado”
“Burn out”. Angélica Dávila, presidenta del Colegio de Psicólogos de Córdoba, dice que el síndrome del burn out (del quemado) es muy frecuente en las consultas de personas que por un estrés crónico ya no son aptas para el trabajo y, por lo tanto, ya no pueden ejercer su función.
Las cifras. El año pasado, de las cinco mil resoluciones emitidas por la Caja de Jubilaciones de Córdoba que implican el otorgamiento de un beneficio previsional, 2 de cada 10 (19 por ciento) correspondieron a jubilaciones y retiros por invalidez. Y de esos casos, la mitad fue por trastornos mentales. /Vía: Lavoz