jueves, noviembre 10, 2011

La docencia es un factor de riesgo


Marcelo Scantamburlo tiene 60 años, y acaba de jubilarse después de haber trabajado 37 como docente.
Pasó el último tramo de su etapa laboral realizando tareas pasivas en una escuela de la ciudad de Oncativo, luego de dos años con licencias médicas (psiquiátricas y otras).
El diagnóstico para alejarlo de las aulas, en estado de pasividad, con tareas de otra responsabilidad fue: “Estado de ansiedad y momentos fóbicos. Inestabilidad emocional 
generalizada. Hipertensión arterial y disritmia cardíaca. 
Somatización de índole reactiva”.
En otras palabras, Marcelo (14 años como director, y el resto como docente) sufría de burn out (lo que vulgarmente se conoce como “síndrome de la cabeza quemada”, con el cansancio emocional y físico como características centrales).
El profesor asegura que su cuerpo y su mente “no daban más”, al punto de no poder cumplir con sus obligaciones.
Autoridad. Scantamburlo no se retiró por invalidez, sino que tramitó una jubilación ordinaria. Sin embargo, tiene autoridad para 
opinar con el conocimiento de haber sufrido episodios de 
ansiedad y cansancio extremo.
“Las enfermedades laborales ‘psicológicas’, producidas por el estrés y sus consecuencias, tienen que ver de manera indirecta con las jubilaciones por invalidez. Estas enfermedades no son tenidas en cuenta por no ser reconocidas como factores limitantes de la situación laboral”, explica el docente, hoy ya retirado.
Y agrega: “Estoy absolutamente convencido de que la docencia es un factor de riesgo. Los nuevos paradigmas y demandas de la sociedad, así como las presiones sutiles de la política imperante, sobreexigen el quehacer diario del maestro o profesor”.
Además de la cuestión personal, inciden en este tema factores que están en permanente debate, y que ponen a los docentes en el centro de la escena de los problemas sociales.
El síndrome del “quemado”
“Burn out”. Angélica Dávila, presidenta del Colegio de Psicólogos de Córdoba, dice que el síndrome del burn out (del quemado) es muy frecuente en las consultas de personas que por un estrés crónico ya no son aptas para el trabajo y, por lo tanto, ya no pueden ejercer su función.
Las cifras. El año pasado, de las cinco mil resoluciones emitidas por la Caja de Jubilaciones de Córdoba que implican el otorgamiento de un beneficio previsional, 2 de cada 10 (19 por ciento) correspondieron a jubilaciones y retiros por invalidez. Y de esos casos, la mitad fue por trastornos mentales. /Vía: Lavoz

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