jueves, julio 29, 2010

Los alumnos de Secundaria recibirán educación financiera en horario escolar



El ministro de Educación, Ángel Gabilondo, el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, y el presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), Julio Segura, firmaron a mitad de este mes de julio, un convenio de colaboración que da el pistoletazo de salida al desarrollo de un Plan de Educación Financiera. Así, los alumnos de Educación Secundaria Obligatoria podrán conocer cuestiones como qué es una hipoteca, los tipos de interés o las cuentas corrientes.

Gabilondo ha manifestado que “es muy importante implantar un Plan de Educación Financiera en el sistema educativo español, que permita a nuestros jóvenes estar preparados para enfrentarse al complicado mundo de la economía y las finanzas”.

Por su parte, Fernández Ordóñez ha señalado que “la mejora de la cultura financiera es un objetivo complejo cuyo resultado sólo podremos valorar a medio y largo plazo. Es necesario para que los jóvenes entiendan el valor del ahorro, de la planificación de los propios recursos, los principios básicos de la economía y los mercados financieros”.

Segura ha recordado que “es fundamental que un inversor tenga la información adecuada sobre las características del producto en el que invierte, pero esa información ha de comprenderla”.

El convenio establece la puesta en marcha de un grupo de trabajo con representantes de todas las entidades. En primer lugar se identificarán las actividades formativas de los estudiantes, para pasar a desarrollar el programa a través de la formación de profesores y de la creación de material escolar en distintos soportes, aprovechando las nuevas tecnologías.

Este Plan de Educación Financiera se enmarca en las recomendaciones de la OCDE y la Comisión Europea para el Fomento de la Educación Financiera. Una educación que, según estos organismos, prepara para “formar adultos independientes y responsables”.

Vía: aprendemas.com
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lunes, julio 19, 2010

La elección de una universidad para tu hijo


Tras toda una vida dedicado a la investigación y docencia universitarias, cada año, y siempre lógicamente en esta época, me veo obligado a contestar a la pregunta del título. El halago de quienes esperan una honrada y experta respuesta, se contrapone con el peso de la responsabilidad que la misma conlleva. En los últimos quince años vengo observando cómo la preocupación de los padres va aumentando notablemente, lo cual parece razonable debido -entre otras muchas cosas- a la proliferación tanto de universidades, públicas y privadas en España, como de nuevas titulaciones.
Es inevitable que uno se mire a sí mismo y trate de exportar su propia experiencia, pero pronto se da cuenta de lo mucho que ha cambiado este país en demasiado poco tiempo. Entonces teníamos claro que la universidad soñada debería estar suficientemente alejada de las faldas de la mesa de camilla que cobijaba nuestras piernas para ver la tele, cosa que ahora parece estar fuera de onda. Y es que la mejor universidad, como siempre se ha dicho, es la de la vida. Hoy, cada alcalde quiere tener una universidad en su municipio y cada rector quiere ofertar todas las carreras del mundo, así que cada joven sólo aspira a disponer de coche propio para hacer exactamente lo mismo que en el instituto, pero ahora con la mayoría de edad, tal como el Tratado de Bolonia, erróneamente, predica y, gregariamente, los rectores aplican.
Dicho el preámbulo, ya es hora de publicar mi receta. Previamente informo a mi demandante que, como ciudadano de la Unión Europea, debe saber cuáles son las mejores universidades de nuestro entorno y, precisamente, las españolas no están entre ellas. Perfecto, querido lector, ya sé lo que me va a decir, pero he cumplido con mi obligación. De inmediato surge la disyuntiva pública/privada. La duda ofende: pública, rotundamente, salvo que ocurra lo que cada vez es más habitual, esos papás que, equivocada o resignadamente, me dicen «es que mi hijo no da para más y como quiero que tenga un titulito, pues que vaya a la privada, que estará más controlado». Bien, lo entiendo, como también a quienes por unas poquitas décimas no pueden cursar los estudios apetecidos en las públicas. Que se preparen el bolsillo.
A continuación, en primer lugar y ya en España, por muy cercana y buena que sea la universidad de su pueblo, y aún ofertando la carrera que el joven quiera cursar, debería animarle a alejarse 300 km, como poco. Sí, es costoso, lo sé, pero hay muchas becas y ayudas. En segundo lugar, queridos padres, sería conveniente huir de las universidades generalistas, las que imparten todos los títulos habidos y por haber, pues ya se sabe que quien mucho abarca, poco aprieta. Hay que buscar las universidades que han preferido focalizar sus esfuerzos en carreras muy determinadas.
En tercer lugar, y ya con un pequeño ramillete de las más de 70 universidades españolas, es fundamental conocer el ambiente investigador de la facultad donde el joven se va a integrar, al menos cuatro años, pues aquella atmósfera lo envolverá y pronto descubrirá que la formación que está recibiendo se puede equiparar con el nivel de cualquier universidad del máximo prestigio.

Finalmente, aunque debería ser el punto cero y más importante, si el joven es mayor de edad para votar, también lo debe ser para trabajar ocho horas diarias, cosa que hay que exigirle desde el primer instante. Si este punto funciona, queridos padres, los otros son obvios, pero debemos reconocer que, en este aspecto, no estamos dando el do de pecho.

Vía: Angel Fernandez Izquierdo. Catedrático Uniersidad Murcia. La Verdad

domingo, julio 18, 2010

Sobre la evaluación docente


En la amplia literatura consultada sobre este tema no se encontra una definición clara y específica de este concepto, por esa razón se debe elaborar una definición de este concepto sobre la evaluación del docente


La evaluación del desempeño profesional del docente es un proceso sistemático de obtención de datos válidos y fiables, con el objetivo de comprobar y valorar el efecto educativo que produce en los alumnos el despliegue de sus capacidades pedagógicas, su emocionalidad, responsabilidad laboral y la naturaleza de sus relaciones interpersonales con alumnos, padres, directivos, colegas y representantes de las instituciones de la comunidad.


De la definición anterior se infiere que evaluar es proceder a conocer una realidad pasada, en su máxima extensión, destacando los conflictos en las condiciones y acciones realizadas, avanzando hipótesis de mejora y sobre todo, a partir del conjunto de datos e informes más fundamentados, con la máxima intervención de los participantes, emitir un juicio sobre la amplitud, evolución y complejidad de la tarea.


Evaluar al profesorado no es proyectar en él las deficiencias o razonables limitaciones del Sistema Educativo, sino es asumir un nuevo estilo, clima y horizonte de reflexión compartida para optimizar y posibilitar espacios reales de desarrollo profesional de los docentes, de generación de culturas innovadoras en los centros.


La evaluación es un juicio de valor que necesita referentes bien consolidados a los que tender y con los que contrastar la realidad evaluada, más esta constatación exigiría plena coincidencia en la identificación de tales referentes y en su aplicación.


La definición anterior nos proporciona una clave para la determinación de las dimensiones que debe comprender la operacionalización de la variable “desempeño profesional del docente”, y por lo tanto resulta muy útil para la construcción de una definición operacional del referido concepto.
Propuesta de un sistema de indicadores para evaluar la calidad del desempeño del docente.
La propuesta que a continuación presentamos de operacionalización de la variable desempeño profesional del docente, se apoya fundamentalmente en las ideas del paradigma histórico - cultural, aunque toma en cuenta las ideas que consideramos más positivas de otros paradigmas.
Es necesario que el sistema de evaluación, que empleemos se base en ítems específicos de conductas que la investigación ha descubierto, que correlacionen positivamente con productos de la enseñanza.

Vía : Encuentros OEI

domingo, julio 11, 2010

El aula perfecta


Han pasado muchos años desde que las pizarras de tiza y el borrador dejaron paso a otras donde se pintaba con un rotulador que parecía de aquellos permanentes y cuya tinta, sin embargo, se conseguía quitar de la misma forma que la tiza. Con el paso de los años la educación no se ha estancado y ahora, también, se amolda a los tiempos.


Hoy en día, las Tecnologías de la Información y la Comunicación se presentan como un gran herramienta didáctica compuesta por diversos métodos de aprendizaje y evaluación.
Fátima Sánchez, directora del área de Educación de la Fundación Botín, institución que ha promovido el curso 'El aula de ayer, hoy y mañana. Espacios y Tecnologías que inciden en la comunicación, el aprendizaje cooperativo y el desarrollo de competencias', enmarcado en los Cursos de Verano de la UC, considera que el uso de las tecnologías en el proceso formativo «fomenta el desarrollo personal y social del alumnado siempre y cuando se conozcan muy bien las características de estas herramientas y se utilicen con responsabilidad», expone.
Retos y desafíos
Las pizarras digitales interactivas, «que ofrecen cientos de posibilidades y conocimientos al alcance de tu mano», según Sánchez, la implantación de videoconferencias y proyectores multimedia y el uso de netbooks son algunos de los recursos TIC que las aulas están empezando a implantar en su día a día.
Sin embargo, para la directora del área de Educación de la Fundación Botín un aula no es mejor cuanta más tecnología ponga a disposición de su alumnado. La calidad reside en la planificación de los espacios y la integración de los diferentes recursos didácticos. «El aula perfecta debe contar con tecnologías y recursos tradicionales ya que juntos funcionan mejor y facilitan el aprendizaje», señala.
Ante la implantación de todas estas tecnologías, ante la llegada de una posible aula perfecta, son varios los desafíos marcados desde instituciones, administraciones y centros educativos.
El primero de ellos es conseguir una adecuada integración de las tecnologías en las aulas, «deben ser un medio para aprender y no un fin en sí mismas», afirma Sánchez. A él se suma la necesidad de formar a los docentes, así como de desarrollar capacidades en el alumnado que les permitan ser «críticos» y entender el leguaje audiovisual «para no ser manipulados por los medios».
Un avance tecnológico, en cuanto a los recursos dentro de las aulas, requiere también un avance en cuanto a los contenidos educativos, especialmente, destinados a «fomentar el uso responsable de estas nuevas tecnologías, las cuales, además, deben servir para promover el crecimiento saludable del alumnado», expone la directora.

Vía: Diario montañés.