viernes, septiembre 08, 2006

La sociedad hiperescolarizada



Entre el modelo que propugnaba "desescolarizar" la sociedad y el actual, de escuela como remedio de todos los males, se impone "una sociedad convivencial y humana alternativa".
La escuela no puede resolver todos los problemas actuales. La sociedad debe colocarla en el sitio debido: educando con la familia, complementando y respetando la tarea educativa propia del entorno familiar, aportando sus recursos propios e insustituibles.
En 1974 se publicó en España "La Sociedad Desescolarizada" ("Deschooling Society", 1970) escrito por el austriaco Iván Illich, que hacía una crítica feroz a la escuela, acusándola de tener como único fin legitimar y reproducir la sociedad de consumo. El mito de la institución escolar, decía, impide una sociedad convivencial y humana. Todo en ella es perpetuación, sumisión, alienación, instrucción, competitividad y deshumanización. No hace falta la escuela para educar. Educación opuesto a escolarización. La vida, la naturaleza, los amigos, la familia son los que educan.
Poco predicamento tuvo este discurso, a la vista de la valoración social que hoy se hace de la institución escolar. Los sociólogos de la educación aseguran que estamos en la sociedad del conocimiento. La formación académica es el patrimonio más cotizado. Nunca la escuela ha sido tan importante ni ha tenido tanta demanda y tanto poder.
Pero, ¿cómo es la escuela? Exhibe numerosos defectos: es uniformadora. La optatividad es mínima. No es integradora. Las discapacidades físicas o psíquicas no la muevan a hacer muchos esfuerzos: no hace falta que el profesorado sepa lenguaje de signos, no hay (qué editorial se lo plantea) textos en braille, las barreras arquitectónicas ni las percibe. No es hospitalaria. Son muy pocos los centros con aulas de inmersión lingüística. No es gratuita y destina a becas mínimas partidas. No es diligente para construir centros en zonas de expansión. Lo demora, aprovechando los recursos físicos y humanos, subiendo las ratios y habilitando aulas en espacios destinados a otros fines cuando se ve agobiada.
Y todo se le disculpa, porque es barata y así lo quieren los representantes de los ciudadanos, que deciden en los parlamentos qué parte de los dineros de los contribuyentes se dedicará a educación: muy pocos países le dedican ni siquiera el 6% de su PIB. Con tan magra cantidad, tampoco puede pedírsele mucho.
También asume que, además de las tradicionales materias de aprendizaje, cuanto se diagnostica como problema social, aquello en lo que la ciudadanía no manifiesta una conducta adecuada o dispara el gasto, se le adjudique como contenido de aprendizaje. ¿Que los accidentes de tráfico son la primera causa de mortalidad e invalidez? Educación vial. ¿Que la dieta mediterránea se rinde a la "fast food" y las drogodependencias nos desbordan? Educación para la salud. ¿Que el planeta agoniza? Educación medioambiental. ¿Que las cárceles están saturadas y las mujeres mueren cada vez más a manos de sus parejas? Educación en valores. ¿Que el terrorismo de siempre y el nuevo, y las guerras de siempre y las nuevas nos horrorizan? Educación para la paz...
Y además la escuela va a resolver el último gran conflicto social del nuevo siglo: la conciliación de la vida laboral y familiar. Las políticas sociales sólo parecen haberse dado cuenta de que nos estamos quedando sin niños y se han aplicado a lo relacionado con la protección a situaciones de maternidad, pero se resisten a ir más allá, una vez que la procreación ha tenido lugar. La excedencia por cuidado de hijo menor o la reducción de jornada va por cuenta de la trabajadora o del trabajador, si se lo puede permitir. La empresa ya bastante ha hecho. Pero el niño está ahí. ¿Qué hacemos con el niño?
El niño tiene derecho a estar atendido y a ser educado. En primer lugar por su familia. La atención y la educación familiar son imprescindibles e insustituibles. La escuela las complementa, pero no puede ni debe sustituirlas. Pero posibilitar que la familia, que tiene ese derecho y deber, lo ejerza es socialmente muy complicado. La solución, una vez más, pretendemos que nos la dé la escuela. Escuela desde los cero años. Escuela para todo. Escuela abierta todas la horas del día y todos los días del año. El niño no opina, no es consciente, no vota. Y nos sorprende que sea cada vez más conflictivo. Y nos resulta insoportable que "fracase".
No es de extrañar, pues, que, con mayor o menor virulencia, todos los años los ánimos sociales se enciendan cuando se inicia el proceso de escolarización y se establece el calendario escolar del siguiente curso. Pero el problema es mucho más amplio: es que la escuela no puede resolver todos los problemas de la sociedad actual. La sociedad debe colocar a la escuela en el sitio debido: educando con la familia, complementando y respetando la tarea educativa propia del entorno familiar, aportando los recursos, los contenidos, las situaciones, la metodología, la sistematización de aprendizajes que le son propios y que tampoco nada ni nadie pueden sustituir. Se impone la necesidad de "una sociedad convivencial y humana alternativa". Quizá no la sociedad "desescolarizada" que propugnaba Iván Illich; pero, desde luego, tampoco la sociedad "hiperescolarizada" a la que, me temo, estamos llegando.
Vía: Gloria Pardillo Lou; Blogalaxia,tags: technorati,tag: sociedad
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