martes, noviembre 22, 2005

Niños, colegios y blogs

En un informe reciente de Pew Internet & American Life Project, se estudia el fenómeno de la difusión de los blogs entre niños en edad escolar entre 12 y 17 años, y aparecen algunas estadísticas sorprendentes: el 88.3% de ellos tienen acceso a Internet y, de ellos, el 19% mantienen un blog y el 38% los leen habitualmente. El porcentaje es significativamente más elevado que el de adultos que mantienen un blog, un 7%, y viene a representar un total de cuatro millones de estudiantes con blog en los Estados Unidos.Puestos en estas cifras, y aunque el traslado a España es lento, conviene empezar a plantearse los posibles efectos de esta tendencia en determinados aspectos de la vida escolar. ¿Qué ocurre, por ejemplo, cuando las dinámicas típicas de una clase (el popular, el impopular, el pelota, el empollón, el guapo/a, el feo/a, etc.) se trasladan al mundo online? ¿Qué problemas pueden surgir cuando un alumno critica a su colegio o a un profesor, pero en lugar de hacerlo comentándoselo a sus amigos, lo hace en un blog que pueden potencialmente leer miles de personas? ¿O si publica material que podría considerarse poco adecuado? ¿Y si incita a la disrupción de actividades escolares?Evidentemente, todo ese rango de cosas están ocurriendo ya, porque representan, pura y simplemente, el traslado de cuestiones que siempre han estado presentes en la vida normal, a un ámbito como la vida online. Sin embargo, los posibles efectos e incidencias derivadas son potencialmente muy superiores, porque en la mayoría de los casos, los niños llevan a cabo este tipo de actividades sin supervisión de ninún tipo. Es decir, mientras su vida normal está sujeta a unos principios básicos de educación impartidos por padres y profesores, en la vida online estos habitualmente se inhiben por desconocimiento, y es el propio niño el que se autorregula (y la capacidad de autorregulación de los niños suele ser bastante deficiente).Adelantándose al problema, la Electronic Frontier Foundation (EFF) ha desarrollado una "Bloggers' FAQ: Student Blogging", que me ha llevado a darle unas cuantas vueltas a temas como los posibles efectos de comportamientos difamatorios, revelación de información privada, libertad de expresión aplicada a menores, posible censura o petición de cierre de un blog, críticas a escuela o profesores, publicación de material considerado inadecuado, posibles represalias, etc. En Estados Unidos, por ejemplo, ya hay casos de todos los colores, como el estudiante de catorce años que fue expulsado por publicar una entrada en la que la cara de su profesora hacía un morphing con la de Adolf Hitler, mientras en otra foto aparecía con la cabeza decapitada y goteando sangre en la mano, y en el texto se invitaba a los lectores a contribuir con donaciones de $20 para contratar a un matón para asesinarla. Un tipo de actitudes que, aunque parezcan una solemne barbaridad, pueden perfectamente ocurrir en el contexto de una vida escolar perfectamente normal (a mí, concretamente, no, porque yo era el típico niño bueno, pelota y favorito del profe, pero recuerdo perfectamente a amigos míos que han tenido actitudes de ese tipo y son personas normales y alejadas del arquetipo del individuo de marcada peligrosidad social).La FAQ de la Electronic Frontier Foundation (EFF) es muy interesante, y aunque es profundamente específica con respecto a la legislación norteamericana, me parece buena lectura para aquellos que tengan niños en edad escolar y los vean de vez en cuando en las proximidades de un teclado. Tengo perfectamente claro que cuestiones de ese tipo van a empezar a aparecer por aquí en breve, y prefiero que mi hija vaya desarrollando el sentido de lo que es bueno o malo hacer en una página en Internet, porque incluso en mi caso, que soy profesor y precisamente de esas cosas, y me encuentro por ahora en terreno francamente seguro e ilusionante con respecto a su educación, nunca pondría la mano en el fuego porque no vaya a tener algún tipo de problema relacionado con este tipo de temas. En el fondo, hablamos de una vida offline regulada con más o menos éxito por padres y profesores, frente a una vida online que, por el momento, se regula sola, ante la dejación de responsabilidades de muchos padres o colegios.¿Restringir? Desde mi punto de vista, nunca. Pero educar sí, y empezando cuanto antes, mejor.
Vía: el blog de Enrique Dans
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